"...Yo diría que hay que empezar a apoderarse de las calles. De las esquinas. Del cielo. De los cafés. Del sol, y lo que es más importante, de la sombra. Cuando uno llega a percibir que una calle no le es extranjera, sólo entonces la calle deja de mirarlo a uno como a un extraño..."
Mario Benedetti
Hace siete años que me fui de España. En la época anterior al "destierro" me gustaba tomar el aperitivo en el bar de la esquina (esquina en la que, por cierto, ya no hay un bar si no una sucursal del Deutsche) y comer pipas en el banco del parque, y jugar al mus, y salir en las noche desiertas de agosto por Madrid, noctámbula y libre.
Ahora, cada vez que estas imágenes acuden a mi mente, siento como si todas ellas las hubiera experimentado en otra vida o como si aquella persona no fuese yo y si una intrusa que me resultara ligeramente familiar.
Y sin embargo, la que ahora dice llevar mi nombre, sufre la imperiosa necesidad de ingerir cantidades indecentes de queso entre la comida y el postre, y ya no grita en los bares, y maneja los mismos códigos que todas esas personas que le hablan insistentemente de usted con la boca en forma de "u".
Desde que he llegado a Arras me sorprendo muchas veces diciéndome a mi misma:"esto es encantador pero no pienso quedarme aquí toda la vida" y al mismo tiempo hay momentos en los que acaricio una dulce satisfacción y entonces ni dios me arrancaría de este país. Estos son los culpables de mis repentinos cambios de humor:
El Mercado del sábado que surge de la gran plaza y se extiende a lo largo de sus callejas adyacentes como si se tratase de un corazón bombeando vida.
Pasear en bici por La Citadelle, donde el viento aun arrastra los quejidos de más de doscientas almass que penan por la juventud perdida.
El bosque y su alfombra azulada de jacintos salvajes escondiendo submundos como estos
Pero sobre todo y ante todo lo que me hace muy feliz son las visitas que vienen cargadas de flores: Entre muchas de las bonitas costumbres francesas está la de regalar el primero de mayo un ramillete de "muguet", flor portadora de la felicidad, y para no ser menos, aquí dejo yo mi aromática porción de buena suerte para todo aquel que tenga a bien asomarse a este rincón.



