viernes, 6 de marzo de 2015

El final de un largo invierno

El sábado  pasado nos desplazamos a París para visitar el Salón Internacional de la Agricultura. No habíamos puesto ni un pie en el recinto y ya me estaba arrepintiendo de haber ido. Y es que, aunque comimos quesos apestosamente deliciosos y charcutería de la fina por la gorra y a "cielito lindo" no había quien la arrancara del corral de las ovejas, aquello no era apto para agorafóbicos.¡Qué saturación de gente! Dejo aquí el recuerdo más agradable de la jornada:

De izquierda a derecha: Barcenas, Fabra, Matas y Juliàn.
Menos mal que "siempre nos quedará París" y que con sólo ver asomar la puntita de la torre Eiffel entre los edificios se le ilumina a uno el día. Apuramos bien la tarde antes de la salida de nuestro tren.


Aunque lo mejor que nos ha pasado desde que hemos llegado a Francia son estas improvisadas vacaciones en casa de "mami" y "papi", los abuelitos franceses, que nos han acogido amorosamente mientras las obras en Arras se rematan.
Desde aquí, un pequeño pueblo en la campaña, vemos dar los últimos coletazos al frío invierno mientras aguardamos con ansia la entrada en nuestro hogar con la llegada de la primavera.


Cómo me gusta meter los pies en estas botazas y adentrarme por los caminos embarrados entre liebres y faisanes.





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