sábado, 18 de abril de 2015

Construyendo el taller: La vitrina

...también nos une el hecho de que ninguno de los tres quiere volver más al Ikea. El problema es que yo sufro una misteriosa amnesia selectiva y una vez al mes caigo presa de un turbador canto de sirenas (deben de ser suecas las sirenas en cuestión) que me hace arrastrar a mi familia al infortunio. El caso es que ayer se me metió entre ceja y ceja que necesitaba imperiosamente la vitrina DETOLF. Fistro me dedicó una mirada petrificadora que quería decir "no pienso ir". Pero después de cantarle todas las ventajas, donde la más importante era su módico precio: cincuenta euros, no pudo decir que no aunque impuso su merecida condición: "tenemos que salir de allí en menos de quince minutos". Y a puntito estuvimos de conseguirlo, lo juro, lo que pasa es que después de atravesar todas sus laberínticas secciones (y eso que sabemos que se puede acortar por las salidas de emergencia) y llegar a la zona en la que uno coge su mueble embalado y la puerta de salida está tan cerca que parece que casi podrías tocarla, encontré la respuesta a la duda que siempre había tenido: yo había consultado el precio en la página de Ikea España y queridos míos, los precios de Ikea NO son universales, lo que Fistro encuentra muy lógico, y la mierda de la vitrina DETOLF cuesta en FRANCIA ni mas ni menos que sententa y cinco euros. Resumiendo, a partir de ahí todo fue un desastre, Fistro no me hablaba, Cielito lloraba de cansancio...fuimos a la zona de ocasión a ver si encontrábamos una con boquete pero rebajada y ya llevábamos una horita larga de agonia... Después en casa al montarlo (porque la vitrinita nos la llevamos) le pillé los dedos a Fistro con el cristal, le toqué las narices con que una vez había puesto la parte del armario HENSVICK que estaba empapelada mirando hacia fuera y que por eso me quedaba para ayudarle y por si fuera poco, pese a mi supervisión quisquillosa y antipática, finalmente hemos puesto los tornillos por la parte del cristal que se ve y la puerta solo cierra si la ayudas levantándola un poquito con los dedos del pie. Pero decidme vosotros si no ha merecido la pena:

Las lanas, después de tanto trasiego, por fin reposan tranquilas y protegidas en su estante.


Y no digamos las tela y los libros y revistas de costura. 





Yo estoy muy satisfecha. Sin duda la vitrina DETOLF es una pieza indispensable del pequeño taller de costura y Fistro el amor de mi vida.

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