viernes, 17 de abril de 2015

Polos opuestos

Hay una cosa en la que coincidimos los tres miembros de esta pequeña familia y es en pensar que los rincones que más molan de la nueva casa son el jardín y la buhardilla. Es curioso que entre ambos se levanten cuatro largos tramos de abrumadoras escaleras que en esta última semana de limpieza intensiva se han convertido en mi peor pesadilla. Menos mal que detrás del último escalón, bien sea arriba, bien sea abajo, siempre se encuentra el merecido descanso, o como diría mi sobrina Elena, donde se esconde nuestra Ithaca. Fistro podrá plantar al fin su huerto, yo encontré una cálida esquina para el taller y Cielito es la que más disfruta removiendo la tierra y descuajeringando las lanas.
El jardín, por el momento, tiene un aspecto bastante desolador, pero siempre hay tesoros escondidos esperando ser descubiertos. Por ejemplo, alguien ha olvidado, dudo que por descuido, esta destartalada barbacoa a la que, no os preocupéis, vamos a darle buen uso.


Otra grata sorpresa ha sido esta vieja mesa de merendero. En su honor preparé este cake de jamón y brócoli y cenamos como si hubiéramos ido de excursión a la Casa de Campo.


Yo estoy especialmente entusiasmada con este precioso árbol de acebo que encima conserva intacto su aspecto más navideño.


Pero aquí viene el gran notición, lo que hace las delicias de Cielito... El jardín está lleno de gatos de todas las razas que se pasean por él como si fueran los amos del mundo. Qué espectáculo.

Y ésta va a ser mi pequeña parcela en la gran buhardilla. Si os fijáis, en la foto se puede ver un halo misteriosos de luz en forma de circulo. ¿Será un lugar bendito? O quizás se trate del aura de Madame Pepin, pero esto es una historia de la que ya hablaré más adelante...

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